Brasil acude a las urnas a elegir el rumbo de su economía: entre el intervencionismo de Lula y el 'trumpismo' de Bolsonaro

2026-10-04 09:07:30 - MUNDO

Los brasileños acuden a las urnas divididos entre los modelos económicos opuestos propuestos por los dos candidatos favoritos: el desarrollismo intervencionista defendido por el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el liberalismo desregularizador del senador de extrema derecha Flávio Bolsonaro.

Pese a defender metas comunes como la estabilidad fiscal, la inflación bajo control y un mayor crecimiento económico, ambos difieren principalmente en el papel del Estado para alcanzar estos objetivos. Al intervencionismo defendido por el progresista se contrapone el concepto de 'Estado mínimo' del ultraderechista.

"Cuatro países —Chile, Colombia, Ecuador y Perú— se han desplazado recientemente hacia gobiernos de derecha. En Brasil, los votantes están decepcionados con los anteriores gobiernos de izquierda y cada vez más frustrados por el aumento de la delincuencia y los persistentes escándalos de corrupción", explica Edgar Franco-Vivanco, profesor asistente de ciencia política de la Universidad de Michigan.

Por otra parte, "China sigue siendo el principal socio comercial de Brasil, y los lazos económicos fuertes son esenciales para la estabilidad financiera de la nación", apunta Franco-Vivanco. "Brasil debe equilibrar su principal relación económica con China frente a la fuerte presión diplomática de Estados Unidos, que prefiere una administración estrechamente alineada con ellos".

"Como la mayor democracia de América Latina, Brasil determinará si el giro hacia la derecha en la región cobra impulso o se enfrenta a un contrapeso importante", prosigue. "Si girase hacia la derecha, dejaría a México como la única gran democracia regional fuera de esta tendencia".

Pese al elevado déficit nominal de Brasil -equivalente en julio al 9,34 % del PIB- y a una deuda pública creciente que ya llega al 82,5 % del PIB, Lula propone mantener el actual marco fiscal y combinarlo con inversiones públicas en infraestructura, industria y otros sectores considerados estratégicos para incentivar una economía en desaceleración.

Bolsonaro, en cambio, plantea un "tijeretazo" al aparato estatal inspirado en 'la motosierra' del presidente argentino, Javier Milei, con la eliminación de al menos diez ministerios, menos cargos de confianza y menores gastos administrativos.

Un partidario de Flávio Bolsonaro con una careta del candidato. | Source: REUTERS/Tita Barros

También propone retomar el Programa Nacional de Privatizaciones y ampliar las concesiones cuando considere que la presencia directa del Estado dejó de ser necesaria. Bolsonaro defiende la desregulación del mercado para que las empresas operen con más libertad.

Lula da Silva obtendría en esta primera vuelta un 45 % de los votos válidos, mientras que Jair Bolsonaro le seguiría con el 40 %, de acuerdo con la encuesta más reciente del Instituto Datafolha. Más allá de este empate virtual, hay que fijarse en la evolución demográfica de los votantes, apunta Franco-Vivanco.

"Las mujeres han respaldado tradicionalmente a Luiz Inácio Lula da Silva, mientras que los hombres han tendido a apoyar a Jair Bolsonaro y a los partidos de derecha. A diferencia de ciclos electorales anteriores, cuando los votantes jóvenes se alineaban estrechamente con causas de izquierda, las encuestas actuales indican un electorado más dividido entre los votantes más jóvenes".

"Flávio tiene un nivel de apoyo propio muy bajo", valora Mario Sergio Lima, estratega macroeconómico de la consultora Medley Advisors. "Todo su respaldo proviene del peso del nombre de su padre. Fue un diputado y un senador con poco protagonismo legislativo, muy pocas leyes aprobadas y acusaciones por una serie de casos de corrupción".

Sin embargo, dada la distancia con "el desastroso gobierno de su padre" y "la baja popularidad de Lula", no es descartable que Bolsonaro llegue a ganar las elecciones, "aunque ese avance siga derivando de los votos antipetistas y de los electores fieles a Jair Bolsonaro", matiza el analista.

Lula, por su parte, tiene "datos macroeconómicos de los cuales puede estar orgulloso", valora el analista. "La inflación está bajo control, aunque un poco por encima de la meta. El desempleo se encuentra en mínimos históricos y el PIB muestra crecimiento, si bien bajo".

Sin embargo, en esta legislatura ha aprobado menos programas sociales y de apoyo al pequeño ahorro, la vivienda o la educación . "Además, la deuda pública y el endeudamiento de las familias y empresas, sumados a las altas tasas de interés, no permiten esa sensación de bienestar que las cifras de empleo e inflación sugerirían".

Los escándalos de corrupción, pese a su repercusión mediática, no van a ser decisivos, apunta Lima. "Cuando tenemos una sociedad tan polarizada, esas denuncias dan argumentos para que cada lado fustigue a su oponente, pero no lograron mover sustancialmente el péndulo". La verdadera medida del descontento, opina, sería una alta abstención.

Fuente: google.com
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